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Pie Plano

El pie plano se caracteriza por una falta de arco longitudinal o de bóveda plantar (justo la alteración contraria que la del cavo). La huella que deja un pie plano es fácil de reconocer porque carece de la curva característica del pie o ésta es menos pronunciada.


Hasta la edad de dos años no se puede determinar la presencia de la alteración, porque el pie del niño cuenta con un tejido adiposo (grasa) en la planta del pie. Esta almohadilla desaparece con el tiempo y no requiere tratamiento alguno.


Para prevenir los especialistas aconsejan realizar una serie de ejercicios para optimizar el desarrollo de los pies: caminar de puntillas, descalzo por terreno irregular o por la playa y agarrar objetos con los dedos de los pies. Estos sencillos hábitos ayudan a formar el arco y por lo tanto previenen la aparición del pie plano, a pesar de que, en la mayoría de los casos este tipo de alteración es hereditaria.

Las plantillas ortopédicas para estos casos tienen un rol fundamental sobre todo en niños, ya que mientras están en crecimiento las plantillas pueden corregir la forma del pie. En el caso de los adultos ya no se puede corregir la forma del pie, pero si la forma de pisar, lo que conlleva a menores molestias y aliviar el dolor en la marcha con una plantillas amortiguadora muy cómoda.


Generalmente, el pie plano no supone un problema para caminar o calzarse. Es conveniente observar una serie de reglas básicas en el calzado, tales como emplear siempre un zapato ancho, cómodo y flexible, que esté bien ventilado y tenga buena adherencia al suelo.


Cuando el pie plano es patológico y es causa de dolor y molestias al caminar, el especialista debe valorar qué tratamiento es el indicado. En algunos casos, se puede recurrir a plantilla ortopédica, no tanto para eliminar el pie plano, como para facilitar la marcha e impedir los dolores. La cirugía no suele un tratamiento frecuente en estos casos.