Uña encarnada unilateral o bilateral: qué hacer
- Carolina Gonzalez Podologa Senior

- 15 jul
- 5 min de lectura
El dolor suele comenzar en un solo borde de la uña, pero puede avanzar hasta hacer incómodo incluso apoyar el pie en el suelo. Una uña encarnada unilateral o bilateral no es solo una molestia estética: cuando el borde ungueal se introduce en la piel, genera inflamación, presión y, en algunos casos, infección. Atenderla de forma oportuna permite volver a caminar, trabajar, entrenar o descansar sin ese dolor persistente que va condicionando cada paso.
¿Qué significa que una uña encarnada sea unilateral o bilateral?
La uña encarnada, conocida clínicamente como onicocriptosis, ocurre cuando uno de los bordes laterales de la uña presiona o penetra el pliegue de piel que la rodea. Es más habitual en el dedo gordo, aunque puede presentarse en otros dedos.
Se habla de una uña encarnada unilateral cuando afecta un solo lado de la uña, ya sea el borde interno o externo. Muchas personas llegan a consulta en esta etapa: sienten dolor localizado, enrojecimiento y sensibilidad al usar zapatos cerrados o al rozar la sábana durante la noche.
Una uña encarnada bilateral compromete ambos lados de la misma uña. Suele ser más dolorosa, porque el dedo queda presionado desde los dos bordes. Puede aparecer desde el inicio debido a la curvatura de la uña o progresar cuando una uña unilateral no se trata adecuadamente. No significa necesariamente que el problema sea irreversible, pero sí requiere una evaluación clínica cuidadosa para resolver el dolor sin dañar más la piel.
Por qué aparece y por qué puede empeorar
No todas las uñas encarnadas tienen la misma causa. En algunas personas influye la forma naturalmente curva o ancha de la uña. En otras, el factor desencadenante es un corte demasiado corto, redondeado en las esquinas o realizado de forma irregular. Al crecer, ese borde queda sin apoyo y se dirige hacia la piel.
El calzado también importa. Zapatos estrechos en la punta, tacos, botines rígidos o zapatillas deportivas con poco espacio pueden comprimir los dedos durante horas. Para quienes corren, juegan fútbol, entrenan o pasan gran parte de la jornada de pie, la fricción y los microgolpes repetidos aumentan el riesgo.
Los traumatismos, la sudoración excesiva, las uñas engrosadas y ciertas alteraciones de la curvatura ungueal también pueden participar. En adultos mayores, además, es frecuente que la menor visión, la dificultad para alcanzar los pies o la pérdida de destreza hagan más compleja la higiene y el corte seguro de las uñas. No se trata de falta de cuidado: muchas veces es una limitación funcional que merece apoyo profesional y respetuoso.
Señales que indican que necesita atención podológica
En una etapa temprana puede haber sensibilidad y leve inflamación. Sin embargo, el problema puede evolucionar en pocos días si el borde continúa lesionando la piel. Una valoración clínica es recomendable cuando el dolor limita el uso de calzado, caminar o realizar actividades habituales.
Hay señales que justifican una consulta sin postergarla:
Enrojecimiento que aumenta, calor local o hinchazón alrededor de la uña.
Dolor pulsátil, punzante o persistente, incluso en reposo.
Salida de líquido, pus, mal olor o sangrado.
Aparición de tejido inflamado que crece sobre el borde de la uña.
Dificultad para caminar, apoyar el pie o dormir por el dolor.
En personas con diabetes, problemas circulatorios, neuropatía, defensas bajas o antecedentes de heridas de difícil cicatrización, cualquier lesión en los pies debe revisarse pronto. El dolor puede ser menor o incluso pasar inadvertido cuando existe pérdida de sensibilidad, pero el riesgo de complicación no disminuye. En estos casos, intentar resolver el problema en casa puede ser especialmente riesgoso.
Qué ocurre en una evaluación clínica
Una atención podológica seria comienza escuchando qué siente la persona, desde cuándo tiene el problema y si existen enfermedades de base, medicamentos o antecedentes de lesiones similares. Después se observa la forma de la uña, el estado de la piel, la presencia de inflamación y si el compromiso es unilateral o bilateral.
El objetivo no es simplemente “cortar un pedazo de uña”. Es retirar la presión que está causando dolor, tratar el tejido afectado de forma segura y definir las medidas necesarias para favorecer una recuperación adecuada. La técnica se selecciona según el grado de compromiso, el grosor y curvatura de la uña, la condición de la piel y el perfil clínico de cada paciente.
Cuando hay dolor agudo, el alivio suele ser una prioridad inmediata. Aun así, el manejo correcto considera el después: curaciones cuando corresponda, indicaciones claras de cuidado y revisión de los factores que llevaron a la lesión. Esto reduce las probabilidades de repetir el mismo ciclo unas semanas más tarde.
En Pie Vital, la atención se realiza con enfoque clínico, protocolos de higiene y una mirada personalizada. Para un adulto activo, recuperar la comodidad al caminar puede significar volver a trabajar o entrenar con seguridad. Para un adulto mayor, puede ser la diferencia entre evitar una caída por dolor y conservar su autonomía cotidiana.
Lo que no conviene hacer en casa
Cuando duele, es comprensible buscar una solución rápida. Sin embargo, manipular una uña encarnada con tijeras, alicates, agujas o elementos no esterilizados puede profundizar la lesión, dejar un borde más filoso o introducir bacterias en la zona.
Tampoco es recomendable cortar las esquinas en forma de “V”, arrancar fragmentos de uña, excavar debajo del borde o poner algodón a presión sin evaluación profesional. Estas prácticas pueden dar una sensación temporal de alivio, pero no corrigen la causa y, en una uña encarnada bilateral, incluso pueden agravar ambos lados.
Mientras espera atención, procure usar calzado amplio y limpio que no comprima el dedo. Mantenga el pie seco, evite golpes y no aplique productos irritantes sobre piel abierta. Si hay secreción, fiebre, enrojecimiento que se extiende o dolor intenso, la prioridad es una consulta clínica pronta.
Prevención después del tratamiento
Prevenir no consiste en cortar las uñas demasiado cortas. Al contrario, el borde debe mantenerse con un largo moderado y un corte recto, evitando redondear profundamente las esquinas. Si las uñas son gruesas, muy curvas, quebradizas o difíciles de manejar, la mejor prevención puede ser programar controles podológicos periódicos en vez de forzar un corte doméstico.
El calzado debe ofrecer espacio suficiente en la punta. Una referencia práctica es que los dedos no queden apretados ni rocen constantemente el frente del zapato. En deportistas, vale la pena revisar el ajuste de las zapatillas y considerar que el pie puede aumentar de volumen durante el ejercicio.
La higiene diaria, el secado cuidadoso entre los dedos y la observación regular de la piel ayudan a detectar cambios temprano. Para familiares y cuidadores de adultos mayores, revisar los pies con calma puede prevenir que una pequeña molestia se transforme en una barrera para caminar. Si aparece dolor, enrojecimiento o una uña que cambia de forma, no hay que esperar a que la persona deje de moverse para pedir ayuda.
El alivio oportuno también protege su movilidad
Una uña encarnada no debería obligarlo a cambiar su forma de caminar, faltar al trabajo o dejar de acompañar a sus seres queridos. El dolor sostenido lleva a compensaciones al apoyar el pie y, en personas mayores, puede aumentar la inseguridad al desplazarse. Tratar el problema a tiempo es una decisión de salud, comodidad y prevención.
Escuchar ese dolor desde el primer día permite cuidar mucho más que una uña: permite proteger la libertad de moverse con confianza.
¡Recupera tu bienestar! Escríbenos a +56 9 8121 9363 o agenda 24/7 en www.pievital.cl
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